“Grasas buenas” y “grasas malas”, ¿cómo diferenciarlas?

Al pensar en nutrición solemos creer que la mejor dieta es aquella que evite del todo las grasas, pero eso no es exactamente así. Existe un matiz importante al respecto, y es que no todas las grasas son malas, es más, hay algunas que son imprescindibles para tener buena salud. De hecho, los ácidos grasos esenciales beneficiosos para la salud, constituyen un bloque de nutrientes muy importante.

Y sí, hay que admitir que puede resultar un poco confuso. Por eso es importante conocer cuáles son las grasas más adecuadas para organizar nuestra dieta de la mejor forma posible.

Hay que tener en cuenta que estas “grasas buenas” tienen muchas funciones clave en nuestro organismo como:

  • Producción de hormonas
  • Ayudar al mantenimiento del pelo y la piel
  • Proteger nuestro organismo
  • Desarrollo y mantenimiento de una correcta función cerebral
  • Mantenimiento de la visión
  • Las respuestas inmunitarias e inflamatorias

Pero, ¿cómo saber qué grasas consumir y cuáles evitar? Las “grasas malas” se dividen en las grasas saturadas y trans, que son las que provocan problemas de salud como el sobrepeso, el colesterol alto o problemas de circulación y corazón. Este tipo de grasas se encuentran en gran proporción en alimentos como el queso, la carne o los dulces, fritos, chocolate y en muchas comidas.

Las “grasas buenas” son las llamadas monoinsaturadas y poliinsaturadas presentes en alimentos como el aceite de oliva o girasol, las nueces y almendras o la carne magra, etc. Las más importantes de todas estas grasas beneficiosas para la salud son los ácidos grasos esenciales, que son un tipo de ácidos grasos poliinsaturados. Y precisamente se dice que son esenciales porque el organismo no puede sintetizarlos, únicamente son adquiridos a través de la alimentación.

Los ácidos grasos esenciales son el Omega-3 y el Omega-6, y su importancia radica en que participan en grandes funciones orgánicas y glandulares o intervienen en el funcionamiento del sistema inmune y celular, además de muchas otras. Es importante que exista un equilibrio de este tipo de ácidos grasos esenciales. Pero en ocasiones nos resulta difícil conseguir el aporte necesario, sobre todo de los Omega-3 que encontramos en el pescado azul y en los frutos secos, mientras que el Omega-6 se presenta en mayor cantidad de alimentos. Es decir que, si no nos gusta o no comemos pescado azul habitualmente, no vamos a poder estar seguros de conseguir las cantidades necesarias de ácidos EPA y DHA que nuestro organismo necesita. En estos casos, puede resultar de gran ayuda tomar complementos nutricionales.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que presta asesoramiento científico a los responsables políticos, ha confirmado que se han demostrado unos claros beneficios para la salud la inclusión de estos ácidos en la dieta, ya que contribuyen de forma específica en el mantenimiento de una presión arterial normal y de una concentración normal de triglicéridos.

Como puedes ver, la base de toda buena alimentación se encuentra en el equilibrio y la variedad, sin perder de vista que hay que evitar la comida rápida e industrial. Además, todos estos ácidos grasos esenciales como el Omega-3 y el Omega-6 e incluso el Omega-9 por su capacidad sinérgica con los otros dos tipos, pueden complementar con muchos complementos alimenticios.

Ya lo sabes, no olvides que el equilibrio está muy cerca de ti.

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